Elaborado Por: Mireya Rodríguez Bravo y Sandra Grisel Martínez Arzola
¿Cuáles son los métodos de evaluación existentes que
han abordado la medición de la inteligencia emocional desde una perspectiva
rigurosa?
En el ámbito educativo se han empleado tres enfoques
evaluativos de la IE:
- El primer grupo incluye los instrumentos clásicos de medidas basados en cuestionarios y auto-informes cumplimentados por el propio alumno
- El segundo grupo reúne medidas de evaluación de observadores externos basadas en cuestionarios que son rellenados por compañeros del alumno o el propio profesor.
- El tercer grupo agrupa las llamadas medidas de habilidad o de ejecución de IE compuesta por diversas tareas emocionales que el alumno debe resolver.
Cuestionarios, Auto-informes cumplimentados
por el propio alumno y Escalas.
Cuestionarios y Auto-informes: Este método de
evaluación ha sido el más tradicional y utilizado en el campo de la psicología.
En la mayoría de los casos, estos cuestionarios están formados por enunciados
verbales cortos en los que el alumno evalúa su IE mediante la propia estimación
de sus niveles en determinadas habilidades emocionales a través de una escala
Likert que varía desde nunca (1) a muy frecuentemente (5). Este
indicador se denomina “índice de inteligencia emocional percibida o auto-informada” y revela las creencias
y expectativas de los alumnos sobre si pueden percibir, discriminar, regular
sus emociones o el grado de tolerancia al estrés ante las frustraciones.
A través de los mismos se han obtenido perfiles en
variables de personalidad como extraversión, neuroticismo, se han evaluado
aspectos emocionales como empatía o autoestima y se han obtenido medidas sobre
otros factores más cognitivos como pensamiento constructivo o estrategias de afrontamiento
(pensamiento y acciones que capacitan a las personas para manejar situaciones
difíciles).
Existen varios cuestionarios sobre IE que, aunque
similares en su estructura, cada uno evalúa diferentes componentes de ella. Uno
de los primeros cuestionarios es la Trait-Meta Mood Scale (TMMS). Este
cuestionario ha sido uno de los más utilizados en el ámbito científico y
aplicado. La escala proporciona una estimación personal sobre los aspectos
reflexivos de nuestra experiencia emocional.
La TMMS contiene tres dimensiones claves de la
inteligencia emocional intrapersonal: Atención a los propios sentimientos (p.e.
“Pienso en mi estado de ánimo constantemente”), Claridad emocional (p.e.
“Frecuentemente me equivoco con mis sentimientos”) y Reparación de las
propias emociones (p.e. “Aunque a veces me siento triste, suelo tener una
visión optimista”). La versión clásica contiene 48 ítems aunque hay
versiones reducidas de 30 y de 24 ítems (Salovey, Mayer, Goldman, Turvey y Palfai,
1995, adaptación al castellano por Fernández-Berrocal, Alcaide, Domínguez,
Fernández-McNally, Ramos y Ravira, 1998).
Auto-informes: Es indiscutible la
utilidad de las medidas de auto-informes en el terreno emocional, sobre todo
para proporcionar información sobre las habilidades intrapersonales y comportamientos
auto-informados de los alumnos.
Escalas: La escala de IE de
Schutte. Esta medida proporciona una única puntuación de inteligencia emocional
(Schutte, Malouff, Hall, Haggerty, Cooper, Golden y Dornheim, 1998, adaptación
al castellano por Chico, 1999). Sin embargo, investigaciones posteriores han
encontrado que esta escala se puede dividir en cuatro subfactores: 1)
Percepción emocional (p.e. “Encuentro difícil entender los mensajes no
verbales de otras personas”); 2) Manejo de emociones propias (p.e. “Me
motivo a mi mismo imaginando un buen resultado en las tareas que voy a hacer”);
3) Manejo de las emociones de los demás (p.e. “Solucionar los problemas de
los demás me divierte”) y, por último, 4)Utilización de las emociones (p.e.
“Cuando siento que mis emociones cambian, se me ocurren nuevas ideas”).
Otro de los instrumentos empleados en la
investigación es el inventario EQ-i de
Bar-On (1997, adaptado al castellano por MHS, Toronto, Canadá). No
obstante, como sus propios autores han afirmado se trata más bien de un inventario sobre una amplia gama de habilidades
emocionales y sociales más que un instrumento genuino de IE. Esta medida
contiene 133 ítems y está compuesta por cinco factores generales, que se
descomponen en un total de 15 subescalas:
1) inteligencia intrapersonal, evalúa las habilidades de autoconciencia-emocional,
autoestima personal, asertividad, auto-actualización e independencia; 2) inteligencia
interpersonal, que comprende las subescalas de empatía, relaciones
interpersonales y responsabilidad social; 3) adaptación, que incluye las
habilidades de solución de problemas, comprobación de la realidad y
flexibilidad; 4) gestión del estrés, compuesta por las subescalas de tolerancia
al estrés y control de impulsos y 5) humor general, integrada por las
subescalas de felicidad y optimismo. Además, el inventario incluye 4
indicadores de validez que miden el grado con que los sujetos responden al azar
o distorsionan sus respuestas y cuyo objetivo es reducir el efecto de
deseabilidad social e incrementar la seguridad de los resultados obtenidos.
¿Cómo se definen las medidas para la evaluación de la inteligencia emocional basado en observadores externos?
Este procedimiento se considera un medio eficaz para
evaluar la inteligencia emocional interpersonal, es decir, nos indica el nivel
de habilidad emocional percibida por los demás. Comúnmente son llamados
instrumentos basados en la observación externa o evaluación 360º, en ellos se
solicita la estimación por parte de los compañeros de clase o el profesor para
que nos den su opinión sobre cómo el alumno es percibido con respecto a su interacción
socio-emocional con el resto de compañeros.
Esta metodología adolece también de algunas limitaciones:
Primero, puesto
que es muy difícil estar con una persona las 24 horas del día, la evaluación
del observador depende de la forma de comportarse el individuo en presencia de
él y, por tanto, se trata de una evaluación basada en observaciones de otra
persona con sus respectivos sesgos perceptivos.
Segundo, ya que es
difícil que un observador esté en todas las situaciones con el alumno y es
sabido que la forma de comportarnos varía en función del contexto, la
información que nos proporciona esta metodología está restringida a un contexto
determinado como es el aula.
Tercero, con este
procedimiento es difícil obtener datos sobre las habilidades emocionales
intrapersonales tales como la capacidad de conciencia emocional, atención
afectiva o claridad emocional interna.
Ventajas: A través
de la evaluación por observadores externos obtenemos información muy valiosa y
que es de gran utilidad para evaluar destrezas relacionadas con las habilidades
interpersonales, la falta de autocontrol, la forma de afrontar las situaciones
de estrés, los niveles de impulsividad y de manejo emocional en situaciones de
conflicto social como, por ejemplo, una pelea entre dos alumnos.
No obstante, esta forma de evaluación aporta nueva
información no facilitada por las medidas anteriores, por lo que es
complementaria al primer grupo de medidas y sirve de información adicional y
como medida para evitar posibles sesgos de deseabilidad social. Algunos cuestionarios,
como EQ-i de Bar-On (1997) incluye un instrumento de observación externa
complementario al cuestionario que debe cumplimentar el alumno. En otras
ocasiones, se emplean técnicas sociométricas denominadas “peer nominations” en
las que el alumnado y/o profesorado valora al resto de la clase en diferentes
adjetivos emocionales y estilos de comportamiento habituales.
¿En qué consisten las medidas de inteligencia emocional basadas en las tareas de ejecución?
La lógica de estos instrumentos de evaluación es de un
sentido común aplastante. Si queremos evaluar si una persona es hábil o no en
un ámbito, la mejor forma de hacerlo es comprobar sus habilidades.
“Las medidas de habilidad consisten en un conjunto de
tareas emocionales, más novedosas en su procedimiento y formato, que evalúan el
estilo en que un estudiante resuelve determinados problemas emocionales
comparando sus respuestas con criterios de puntuación predeterminados y
objetivos” (Mayer et al., 1999; Mayer, 2001).
Existen dos medidas de habilidad para evaluar la IE
desde este acercamiento:
- El MEIS (Mayer, Caruso y Salovey, 1999) basada en el modelo de Salovey y Mayer (1990) y su versión mejorada,
- El MSCEIT (Mayer, Salovey y Caruso, 2002; Mayer, et al., 1999).
En la medida que la IE es considerada una forma de
inteligencia como la inteligencia verbal, espacial o matemática, los autores
consideran que puede evaluarse mediante diferentes tareas emocionales de la misma
manera que el cociente intelectual (CI) puede evaluarse a través de las
habilidades puestas en práctica (Percepción emocional, Asimilación emocional,
Comprensión emocional y Regulación emocional), por ejemplo, en el test de
inteligencia de Weschler.
Este grupo de medidas también presenta sus limitaciones:
Este grupo de medidas también presenta sus limitaciones:
- Se trata de una forma de evaluación tan novedosa que todavía requiere mejorar sus propiedades psicométricas.
- Como ocurre con aquellos instrumentos que presentan una situación concreta a los sujetos que deben resolver, las pruebas son muy contextuales y deben adaptarse en función de la población que se vaya a evaluar. Por ejemplo, aunque ya se han desarrollado el MEIS y el MSCEIT, estas pruebas son para personas con una edad superior a 17 años tanto por las situaciones emocionales que se presentan como por la capacidad de comprensión que requieren. Actualmente, se está desarrollando una medida de habilidad con una mayor aplicabilidad al aula y adaptada a las capacidades cognitivas de niños y adolescentes en la que, además, se presentan situaciones de conflicto interpersonal, de frustraciones o de manejo afectivo más relacionadas con el contexto educativo.
- Por último, otra de las limitaciones de estos cuestionarios es que requieren de mayor tiempo para su cumplimentación en comparación con las medidas anteriores, lo cual implica que pueden encontrarse sesgos en las respuestas ocasionadas por el cansancio del alumnado.
Ventajas: Son indudables,
sobretodo en combinación con algunas de las medidas anteriores. A través de
este tipo de instrumentos obtenemos indicadores de ejecución en habilidades
emocionales concretas que pueden ser educadas y entrenadas posteriormente. Nos
permite, además, evitar sesgos perceptivos y son más difíciles de distorsionar,
debido a su formato, cuando el alumno trata de ofrecernos una imagen más positiva
de sí mismo.
Reflexión Personal (Mireya/Sandra)
Para nosotras esta lectura
ha sido realmente de gran interés y nos ha dejado muchos conocimientos acerca
de las herramientas existentes para la evaluación de la Inteligencia Emocional que
se han empleado en el ámbito educativo, de las cuales manejamos algunas en nuestra
práctica docente, pero que tal vez no las conocíamos en su extensa gama y a fondo, ni cuál era su
objetivo real.
Coincidimos plenamente
en que existen diferencias individuales entre nuestros alumnos en IE en cuanto
a la forma que tienen de identificar sus emociones, de controlarlas y de
sobrellevar situaciones de estrés, tanto a nivel individual como grupal. Por lo que consideramos que efectivamente la evaluación
de la IE en el aula supone una valiosa información para el docente ya que le permite
conocer el desarrollo afectivo de los alumnos e implica la obtención de datos
que marquen el punto de inicio para el trabajo con los objetivos fundamentales
transversales.
El contexto de la vida escolar ofrece innumerables ocasiones
para que el profesor perciba actitudes y comportamientos de los niños, por tal
motivo, entonces debe estar capacitado para observar y registrar sus
observaciones, así mismo compartir estas experiencias con el resto del personal
docente, para complementar estas investigaciones y actuar de acuerdo a las
mismas y evitar tanto la discriminación
como el sesgo personal, recordando que la mayor parte de las escuelas son inclusivas
y no de carácter discriminatorio en ningún aspecto o sentido.
Pero también es muy importante destacar que al tomar
en cuenta, que éstos procesos (y más aún los de registro personal, encuestas,
entrevistas), requieren de profesores preparados, perceptivos, dispuestos, que
asuman un compromiso real por el desarrollo afectivo y emocional de sus
alumnos. Ya que todas estas ideas constituirán una ilusión si los docentes no
tienen un desarrollo social y emocional adecuado: es imposible generar en los
niños simpatía, asertividad, empatía, buena disposición…si el docente no las
posee.
Para tal efecto es vital que se dé una formación en IE en el ámbito de la docencia universitaria. Para que desde la Universidad podamos formar ya a nuestros alumnos y futuros profesores en este importante constructo que se ha convertido en una teoría fundamentada y tener siempre en cuenta que los beneficios de un buen desarrollo de la IE no dejan de ser inestimables para conseguir contrarrestar los efectos perjudiciales de una sociedad donde se fomenta la inestabilidad, la competencia, donde cada día son más frecuentes los trastornos emocionales y las agresiones (físicas o verbales) en los centros educativos, debido a la situación actual que vivimos día a día.
Y por tanto recae en nosotros los docentes la responsabilidad de poner empeño y dedicación en renovar y actualizar nuestra currícula, fomentar la educación emocional; que es lo que hoy en día parecen necesitar los alumnos, sin menospreciar los contenidos fundamentales de su formación académica, ya que en la actualidad se les ha restado importancia, recordemos que los programas cambian cada sexenio conforme a las propuestas de cada Secretario de Gobierno, pero ¿Cuándo se han puesto a pensar en la estabilidad emocional docente-alumno/a? Sólo se abocan a implementar conocimientos y las emociones ¿Dónde quedan?
Gran parte de ello es responsabilidad de cada Institución y de cada docente, ya que debemos expresar lo que sentimos y pensamos en su momento para generar en el educando una actitud de cambio para sí mismo y para la sociedad, puesto que las emociones se generan a partir de las situaciones en casa y de la relación afectiva con su familia.
Para tal efecto es vital que se dé una formación en IE en el ámbito de la docencia universitaria. Para que desde la Universidad podamos formar ya a nuestros alumnos y futuros profesores en este importante constructo que se ha convertido en una teoría fundamentada y tener siempre en cuenta que los beneficios de un buen desarrollo de la IE no dejan de ser inestimables para conseguir contrarrestar los efectos perjudiciales de una sociedad donde se fomenta la inestabilidad, la competencia, donde cada día son más frecuentes los trastornos emocionales y las agresiones (físicas o verbales) en los centros educativos, debido a la situación actual que vivimos día a día.
Y por tanto recae en nosotros los docentes la responsabilidad de poner empeño y dedicación en renovar y actualizar nuestra currícula, fomentar la educación emocional; que es lo que hoy en día parecen necesitar los alumnos, sin menospreciar los contenidos fundamentales de su formación académica, ya que en la actualidad se les ha restado importancia, recordemos que los programas cambian cada sexenio conforme a las propuestas de cada Secretario de Gobierno, pero ¿Cuándo se han puesto a pensar en la estabilidad emocional docente-alumno/a? Sólo se abocan a implementar conocimientos y las emociones ¿Dónde quedan?
Gran parte de ello es responsabilidad de cada Institución y de cada docente, ya que debemos expresar lo que sentimos y pensamos en su momento para generar en el educando una actitud de cambio para sí mismo y para la sociedad, puesto que las emociones se generan a partir de las situaciones en casa y de la relación afectiva con su familia.
Bibliografía
Extremera, P,N, Fernández, B.P. Universidad de Málaga,
Revista Iberoamericana de Educación.
Fernández-Berrocal, P. y Extremera, N. (2002) La
inteligencia emocional como una habilidad esencial en la escuela. Revista
Iberoamericana de Educación,. 29,pp 1-6.
Extremera, N. y Fernández-Berrocal, P. (2001): ¿Es la inteligencia emocional un adecuado
predictor del rendimiento académico en estudiantes? III Jornadas de Innovación
Pedagógica: Inteligencia Emocional. Una brújula para el siglo XXI pp. 146-157.
Bibliografía electrónica




Hola Mireya. Puedes leer mi comentario en el blog de Sandra Martínez.
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